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sábado, 19 de julio de 2025
jueves, 11 de julio de 2024
Poema Consejos a una Señorita
Poema Consejos A Una Señorita de la poetisa guayaquileña Dolores Sucre y Lavayen
Dolores Sucre y Lavayen
Nació en la ciudad Guayaquil en noviembre de 1.837. Hija legítima del Coronel José Ramón de Sucre y de la Guerra, nacido en 1.798 en Cumaná, Venezuela, que realizó las campañas militares de su Patria y de Nueva Granada y posteriormente combatió en Junín, Ayacucho, el sitio del Callao y Tarqui y de la guayaquileña Mercedes Lavayen y García, casados en 1.834, Vocal de la Junta Curadora de niñas en 1.845, mujer intelectualizada para su tiempo. Fué sobrina del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre y prma del Dr. Cesar Borja Lavayen
A los siete años de edad recibió las primeras letras de su madre, mujer culta y activa “que desenvolvió su vida en un medio que negaba la participación de la mujer en igualdad del hombre” y asistió a la escuela de la preceptora Cruz Andrade Fuente Fría de Drinot, “quien la inició en el cultivo de las bellas letras adivinando que en el pecho de la niña que recién gorjeaba, se agitaba un mundo de lirismo y de poesía.”
De quince años apenas ya daba muestras de poseer un talento nada vulgar y versificaba hasta por mera distracción. Poco después se enamoró perdidamente de un joven inglés apellidado Perinmen, quien correspondía sus anhelos con nobles y profundos sentimientos y cuando ya estaba fijada la fecha de la boda; ocurrió que, estando el novio aceitando un arma, se escapó el disparo que segó su vida. Dolores “se entregó por entero a su dolor y a la poesía, surgiendo de sus labios rosas y lirios para el amado y toda una gama de perfumadas flores para Dios, la Patria, la verdad y la virtud, temas que serían constantes en su inspiración románticas y añorosa.
En 1.870 visitó el Perú y fue presentada por su paisano Numa Pompilio Llona en el Ateneo de Lima, siendo admirada por Pedro Paz-Soldán que escribía con el seudónimo de Juan de Arona, por Clemente Althaus y por Ricardo Palma. Posteriores viajes a Lima le permitieron ingresar a las célebres tenidas del “Círculo Literario” y. trabó amistad con escritores de la categoría de Teobaldo Corpancho, Carlos G. Amésaga y Clorinda Matto de Turner, autora de “Aves sin nido”, novela indigenista y anticlerical, que abrió una nueva etapa en las letras femeninas americanas.
Desde el 10 de enero de 1.871 colaboró en el periódico religioso y literario “La Esperanza” y vivía en la Parroquia del Sagrario con su padre y hermanos. En 1.874 falleció su madre que tanto la había alentado en sus afanes literarios y el 11 de agosto de 1.880 su padre, entrando una discreta pobreza al hogar compuesto de otras dos hermanas solteras llamadas Carmen y Obdulia, con quienes empezó a recibir alumnas, desde el 1° de enero de ese año, en su casa, enseñando a leer y a escribir, las cuatro reglas y labores de mano, así como lo necesario para la vida social de la época. La Escuela de las señoritas Sucre pronto estuvo considerada entre las mejores del Guayas junto a la de las hermanas Fuentes y a la de Rita Lecumberry Robles.
En 1.881 colaboró en la revista el “Album” y en la “Guirnalda Literaria” por paga exigua, y formó parte de la Sociedad de Beneficencia de Señoras donde su tía Dolores Jiménez de Sucre ocuparía la presidencia seis años después.
Igualmente, por influencia de la poesía de Llona y acordándose de los gloriosos hechos militares que le había referido su padre, su romanticismo inicial volvióse de corte clásico, académico y social y fueron los temas cívicos sus preferidos. Fue, pues, una poetisa del segundo período del romanticismo ecuatoriano o lo que es lo mismo, del romántico tardío.
También fue miembro de la Guardia de Honor de la Virgen de la Merced y allí hizo amistad con Carmen Pérez de Rodriguez-Coello y con Angela Carbo de Maldonado, quienes también escribían poesías; sin embargo, Dolores, las aventajaba a ambas por su incansable actividad en “La Esperanza” y en “Los Andes”, periódicos tradicionales del puerto principal donde tenía columna propia dedicada a la mujer y por eso se la considera una avanzada del feminismo de su tiempo en el Ecuador.
En 1.883 cantó al Centenario del Nacimiento del Libertador, luego en las inauguraciones de las estatuas de Bolívar y Rocafuerte; fueron poesías de compromiso, cantos a héroes del pasado, que como ya se ha dicho, la alejaban de sus primeras y espontáneas manifestaciones y de la realidad cotidiana y por ello empezó a expresarse en difíciles retruéncanos, tal si con ellos obtuviera algún mágico efluvio que le causara raro embeleso.
Para pedir un vaso de leche en el desayuno decía: “Mucama, pasadme el líquido perlático que nos proporciona la consorte del toro”. Para que le dieran su vestido negro: “Tomad el acero (la llave) abrid el madero (el ropero) y sacad el de luto vestir”. Un día, que pasaba por los bajos de su departamento ubicado en Vélez entre García Avilés y Boyacá, un simplísimo carbonero, lo llamó de la siguiente manera: “Buen hombre ¿cuánto reporta actualmente un saquillo del producto del fuego sobre la madre naturaleza? En otra ocasión para solicitar un huevo duro en el almuerzo, lo hizo de la siguiente forma: “Por favor, deseo un óvulo gallináceo afectado por el calor acuoso”. También acostumbraba decir en su casa: “Doméstica, corred los linos, abrid los pinos y dejad que el céfiro penetre”, para pedir que le abran las ventanas y las cortinas. Frases que movían a risa a quienes las oían y eran prontamente repetidas en toda la ciudad con notable éxito entre los chuscos que nunca faltan.
Sus hermanas dizque le entendían todo porque ya se sabían de memoria su forma extraña de hablar, pero no ocurría lo mismo con la generalidad de las gentes que se quedaban en babia, sin saber qué responderle.
En 1.898 colaboró en la revista quincenal, ilustrada, de letras, artes, ciencias y variedades “El Crepúsculo”.
En 1.900 protestó públicamente y acusó al Gobierno del general Alfaro de “mantener en el ostracismo al clarísimo poeta nacional Dr. Cesar Borja Lavayen, por causas nimias que la grandeza olvida y el amor perdona…” y tanto molestó sobre el tema que, a la postre, después de algunas semanas de estas quejas, consiguió que le permitieran regresar a su primo segundo el Dr. Borja Lavayen de San José de Costa Rica, donde vivía exilado desde 1.895.
Este generoso gesto le granjeó una ola de popularidad nunca antes vista en mujer alguna en Guaya quil y hasta fueron a vitorearla los estudiantes universitarios, pero ella se negó a salir a la ventana diciendo que lo hecho era solamente una migaja de su corazón y no cosa del otro mundo como para merecer tantos aplausos, bien es cierto que el asunto se estaba prestando a burlas y ella lo adivinaba.
Numerosos poetas, periodistas y escritores la visitaban o se carteaban con ella: Juan Abel Echeverría de Ambato, Angel Polibio Chávez de Guaranda, José Abel Castillo, etc.
El 10 de octubre de 1.904 los ecuatorianos coronaron a Llona, que en su ancianidad atravesaba por una cruel pobreza. Dolores fue designada por el comité organizador para colocarle la corona de hojas de laureles de oro y en tal oportunidad recitó un admirable soneto que conmovió los más altos sentimientos del país. Poco después, en marzo siguiente, un grupo de jóvenes propusieron su coronación y fueron apoyados por los redactores de la revista quincenal de literatura y arte “Guayaquil Artístico”. Ella se opuso en carta abierta, pero de todas maneras los socios del Club de la Unión presididos por el Dr. Francisco X. de Aguirre Jado, organizáronse en Comité y pidieron a la Municipalidad que en el programa de las fiestas octubrinas se colocaran los actos del Homenaje, que poco a poco fue tomando características nacionales por las adhesiones que se recibían de todo el país.
La Coronación se fijó para el 9 de Octubre de 1.905. El Dr. Vicente Paz Ayora ofrendó a nombre del Comité la “Lira de oro, brillantes y esmeraldas” que fue colocada por María Sánchez Urbina, entre números de canto y piano. Llona intervino con un sentidísimo elogio y solamente hubo que lamentar la imprudente conducta del poeta Nicolás Augusto González Tola, que ingresó al Teatro Olmedo del brazo de una amiga con quien vivía públicamente y como González había sido designado el orador de la noche, el asunto tornóse serio y mal hubiera terminado pues las damas quisieron retirarse y únicamente aceptaron permanecer en sus asientos para no deslucir el acto ni dañar la noche a la poetisa, pero lo hicierona desgano y muy contrariadas.
Dolores Sucre entró en compañía de sus hermanas y mejores amigas y ocupó una especie de sillón del trono. Fue su noche de gloria pues recibió de Guayaquil más que una corona, recibió una lira y el homenaje cariñoso que había despertado su simpatía y bondad a través de numerosos años en el magisterio femenino y en el periodismo de altura y espiritualidad. Homenaje que también le tributó la sociedad por su prestancia como hija de un prócer y sobrina en segundo grado de un héroe. El Ateneo de Lima le envió una efusiva felicitación, que fue leída y mereció aplausos. La colonia venezolana se hizo presente con Pepita Gual y Domínguez y Mercedes Acevedo y Paz – Castillo esposa del Ingeniero Francisco Manrique Pacanins, hija y nieta de próceres, respectivamente y amigas personales de Dolores. Entonces declamó un poema compuesto de veinte y tres décimas, diciendo en la última: // “Compatriotas, con la lira / que condecora mi pecho / Me da a la gloria derecho / Mas, mi musa no delira / Si os juro que en esta lira / la Patria con esplendor / me paga deudas de amor / al ver mi tumba cercana / ¡Salve el cielo al Ecuador! // aunque en esto de la tumba cercana anduvo errada pues vivió hasta los ochenta años.
Ese 1905 envió varias colaboraciones a la revista “La Mujer”, bimensual de literatura y variedades que había fundado en Quito su amiga Zoila Ugarte de Landívar, pero que finalizó abruptamente en el número seis por falta de ayuda económica.
Nuevamente en 1910, admirada de la lucha tenaz de su amiga por la defensa del derecho a opinar, le escribió una carta que salió publicada en varios diarios del país, concediéndole el título de Heroína ejemplar del feminismo.
El 8 de Octubre de 1911 la joven Abigail Llona Jouvin leyó un poema de Dolores durante el acto de inauguración de la estatua de Sucre en Guayaquil.
En 1914 habían aparecidos sus “Poesías”, recopilados por ella misma y editadas en Barcelona en 209 pags, con ciento treinta y tres escogidos partos de su numen, “que tuvo la sencillez de un clasicismo proporcionado, casto y desnudo como el de las estatuas griegas”; pero, su pensamiento, no traspasó la etapa mariana que imponía a la mujer la sumisión total en el hogar y un simple papel secundario en sociedad. Durante sus últimos años fue aquejada de lo que hoy se conoce como el mal de Parkinson. Así lo declara en una carta dirigida a su amiga Zoila Ugarte de Landívar que vivía en Quito: Cada día estoy más convulsa: la parálisis se me viene ¡Qué será de esta infeliz si mi existencia se prolonga? Desde la última vez que la visité no he salido más que una o dos veces. Jamás uso coche. Como recuerdo la delicadeza con que Landívar (el esposo de su amiga que acababa de fallecer) me trajo. Los tranvías son más cómodos pero no hay ninguno que pase por mi zaguán y ha sido plena mi postración. Me siento tan mal que debo aprovechar la galvanización producida por el afecto que le profeso para escribirle hoy por hoy.
Tuvo un altísimo sitial y el glorioso apellido que ostentaba la convirtió en figura de primera magnitud, “pero no actualizó su verso ni su pensamiento guardó relación con las transformaciones políticas del mundo y de su Patria”, quedando rezagada en un romanticismo arcaico y cuando murió representaba solamente el recuerdo de una poesía decimonónica y afectada.
Falleció en su ciudad natal el día martes 5 de junio de 1917, en el departamento que ocupaba con sus hermanas Carmen y Obdulia en el primer piso de un edificio de madera ubicado en la Av. 9 de Octubre y Boyacá, propiedad del maestro Fermín Vera Rojas, quien vivía con su familia en los bajos y en el segundo piso alquilaba mi abuelo Juan Luís Pimentel Tinajero, con mi abuela, su suegra, una cuñada soltera, dos hijos, una sobrina huérfana y varias empleadas domésticas.
I “fue vestida con el albo traje de la virgen mercedaria, juntas las manos en mística plegaria, llevando en su pecho prendida cual estrella, la lira de diamantes que el pueblo y su ciudad le habían tributado doce años antes y se dio el curioso caso que las damas de la ciudad, “rompiendo las barreras de prejuicios absurdos, acompañaron al cortejo solemne hasta su último morada y diéronle el adiós, así, en forma tan inusual.”
En 1920 se editó su “Corona Fúnebre”.
Muchos años después el poeta Enrique Segovia escribió sobre ella lo siguiente: “Precisa y luminosa conservo la visión de la dulce y venerada anciana, cruzando la ancha calle Boyacá, con lento y fatigado paso, una mano apoyada en el brazo de mi padre (se refiere al notable educador Nicolás Segovia) y la otra en su clásico bastón. Recuerdo que contemplaba con deslumbrados ojos a esa elegante matrona, cuya faz semi enmarcada por alto y complicado peinado, del que pendía amplio velo de finísimo encaje, tenía un sello de grave distinción y auténtico señorío, y a despecho de los años era hermosa. Vivía con sus hermanas Carmen y Obdulia en una espaciosa casa. Las tres ejercían el magisterio y regentaban una escuela fiscal de niñas que funcionaba en el mismo edificio donde ellas vivían (hasta 1922) si bien la poetisa siempre dio preferencia sobre todo lo demás al cultivo de las letras, su máxima y constante preocupación y el invariable y rico alimento que la nutría, vigorizaba su mente y confortaba su espíritu. La poesía fue el distintivo primordial de su personalidad y la razón suprema de su vida. Ejercicio magno, profesión excelsa, de génesis vocacional, que tuvo en ella carácter religioso, que la elevó y dignificó, infundiéndole fe y energía. Fue un entregarse pleno y total, con algo de grandioso holocausto y sublime renunciación, aunque también se dedicó al cultivo del canto.
Por Rodolfo Pérez Pimentel. Historiador y Exdocente del Colegio DS
Fotorafías obtenidas de diferentes instituciones púbicas
miércoles, 8 de mayo de 2024
BIOGRAFIA DE LA SRTA. EMMA ESPERANZA ORTIZ BERMEO, RECTORA FUNDADORA DEL COLEGIO NACIONAL DE SEÑORITAS DOLORES SUCRE
EDUCADORA EJEMPLAR
Nació en Guayaquil el 27 de Abril de 1900. Hija legítima de José Antonio Ortiz González y de Victoria Bermeo Naranjo, cuyos datos de vida se mencionan en la biografía de su hermano el Dr. Rigoberto Ortiz Bermeo.
De cinco años de edad entró a la escuela Infantil que mantenía en la Sociedad Filantrópica del Guayas el Presbítero José Ceriola, quien implantó por primera vez en el Ecuador el método especial para párvulos “Los dondes de Froebel” con objetos de madera pintada de diferentes colores. Allí ganó la Medalla al Mérito de la Filantrópica, fue sorteada con otros ganadores y obtuvo la Gran Medalla de la Municipalidad de Guayaquil, que la recibió en brazos de su padre.
En 1907 cayó de visita su tía Sor María Luisa de la Concepción Ortiz y viéndola tan mimada, decidió llevarla interna al convento de las marianitas de Riobamba donde era superiora, para enseñarle canto, recitación, piano, bordado y tejido y en dicho centro estuvo hasta que ella pasó a fundar el Colegio de Loja dos años después.
Nuevamente en Guayaquil, en 1909 entró a la escuela de la educadora Sofía Palacios, señorita muy fina y perfumada, y cursó tercero y cuarto grado. Era una niña impulsiva, que tocaba piano, sabía pintar y gustaba de opinar sobre todo. El quinto grado estudió en el Normal Elemental que dirigía la pedagoga Inés Balda, que con la alegría de sus ojos provocaba una respetuosa admiración a pesar de ser bajita y algo gruesa.
Entonces fue compañera de Matilde Yépes Caamaño, famosa por su alegría, que después fue profesora fiscal por muchos años y de Ana San Andrés que se jubiló como profesora municipal. Las tres formaron un grupo inteligente e imaginativo y fueron seleccionadas por la señorita Balda para ingresar directamente al Normal Rita Lecumberry, previo un agotador curso de nivelación, que les hacía recibir extra. Así fue como aprobó la primaria de once años solamente. Entonces su padre le dio vacaciones a la cocinera de la casa por dos meses y “me puso a cocinar, diciéndome: la que no sabe hacer no sabe mandar”.
En el Normal siguió tres años con los profesores Fermín Vera Rojas, Luis A. Wandemberg, Alfredo Sáenz y Adolfo Fassio, y al egresar, su pariente el Dr. Leonidas García Ortíz, Rector del Juan Montalvo de Quito, le envió el nombramiento de profesora de la Escuela Fiscal No. 17 con cincuenta sucres mensuales de sueldo. En esa escuela trabajó un año bajo la dirección de Lucrecia Cisneros Moreno y en 1919 ingresó como profesora del Normal Rita Lecumberry que dirigía Amarilis Fuentes con ciento cincuenta sucres mensuales. Ambas Directoras habían sido formadas por la primera Misión Pedagógica Alemana.
A mediados del año 20 pidió permiso en el Normal y viajó a Quito a seguir un Curso de Preceptora Normalista en el Manuela Cañizares. Allí conoció a la Directora Eleonor Newmann, quien le dijo un día: “Tú tienes fuerza en la mirada, mucho magnetismo, vas a ser una gran maestra a nivel secundario” y el 15 de Febrero de 1921 obtuvo su correspondiente Diploma, especializándose en Matemáticas e Historia. También siguió dos cursos de Educación Física con los profesores Warsawa y Velenius.
De regreso a Guayaquil vivió una ffaire con el gran actor de carácter Fernando
Soler, el gran amor de su vida, pero no hubo matrimonio. Después otro gran amor con el Dr. Abel Gilbert Pontón, porque siempre fue una mujer inteligente y apasionada.
En 1933 visitó los Estados Unidos invitada por su hermano que vivía en New York y allí estuvo varios meses. A su regreso en barco enfermó gravemente de hepatitis y estuvo casi un año en Guayaquil en reposo, pues dicha enfermedad no era muy conocida. Para entonces su fama de recitadora era ampliamente difundida. Su amigo Joaquín Gallegos Lara en carta a Nela Martínez Espinosa manifiesta que ha oído a Emma Ortíz, a Aracely Gilbert y a Bertha Singerman en disco, todas ellas mujeres que recitan muy bien.En 1934 obtuvo la licenciatura en Arte y Recitación el 20 de Enero, por aclamación y con alta distinción, en el Conservatorio Nacional de Música de Guayaquil dirigido por el profesor Pedro Pablo Traversari.
Seguía viviendo con sus padres a los que no abandonaría jamás y daba clases en el Rita Lecumberry. Tenía numerosas amigas y muchos pretendientes. Solía concurrir a numerosas fiestas y por las tardes al salón Fortich a tomar helados. Hizo una vida social muy intensa con la despreocupación propia de la juventud y dentro de las rígidas normas morales recibidas de sus padres y su mayor anhelo era viajar sin fin, conocer mundos, gente y países.
En Enero del 38 y por haberse acogido a la jubilación la rectora del Normal, el Ministerio de Educación convocó por primera vez a un Concurso de Mérito para llenar la vacante, y habiéndose presentado a exámenes logró el rectorado con cuatrocientos cincuenta sucres mensuales de sueldo y gran contentamiento del personal docente y discente, que la apreciaban. “Entonces me dediqué por entero y descubrí que era responsable y mi vocación verdadera”.
“En su rectorado se iniciaron las gloriosas jornadas que hicieron al Rita Lecumberry el pionero del perfeccionamiento del magisterio femenino pues inició la gran campaña alfabetizadora del litoral, con el método del profesor norteamericano Laubach. Sus alumnas alfabetizaron a las obreras escogedoras de café de la compañía Intercambio y Crédito y a las campesinas de la hacienda de Geo Chambers en la isla Santay. Cambió los uniformes obscuros por otros blancos más higiénicos y elegantes.
Creó los Coros estudiantiles que puso bajo la dirección del maestro Ridel, de los cuales surgieron voces tan nítidas como las de Gina Lotufo, Zobeida Jiménez y las hermanas Blacio. Presentó Coros hablados, que no se ha vuelto a repetir. Creó varios gruposderecitadorasycuandoBertha SingermanvisitóGuayaquil,declaró que la alumna María Esther Zúñiga era la mejor recitadora estudiantil de Sudamérica. Habilitó un salón para que los profesores de pintura pudieran dictar sus clases con comodidad. Presentó por primera vez la Revista escolar artística Luminosa, y la famosa Revista de Gimnasia y Esgrima. Puso en práctica la costumbre de presentar a las cachiporreras con uniforme, siendo la alumna Olga Gutiérrez – luego Directora de un Colegio en Caracas – la primera que desfiló vestida así. Dio solemnidad a las fiestas de graduación con madrinas y ceremonia de investidura del título de Bachiller”.
Ese año 38 recibió la visita internacional de Gabriela Mistral para quien pidió el nombre de una escuela y atendió personalmente. En respuesta fue condecorada con el grado de Oficial por el gobierno de Chile.
En Julio del 44 y luego de seis años de labores, salió del rectorado y viajó nuevamente a New York donde vivió varios meses. Después estuvo en Mexico y volvió a tratar a Fernando Soler, ya un actor famoso de cine. A su regreso fue miembro educadora del Tribunal de Menores del Guayas y desde Abril del 47 hasta Julio del 50 dictó la cátedra de Historia en el Colegio Nacional Aguirre Abad durante el rectorado de Carlos Coello Icaza, y viajó varias veces por Estados Unidos y Europa invitada por sus hermanos, a recoger experiencias pedagógicas que aplicaba en Guayaquil.
En Febrero del 49 asistió a una Concentración de Maestros en la Universidad Nacional de Santiago de Chile. El 5 de Julio del 50 el Ministro de Educación, Gustavo Darquea Terán, creó un Colegio Nacional de señoritas y el día 13, el nuevo Ministro Carlos Vela García la designó rectora de dicho establecimiento, que tomó el nombre de la poetisa Dolores Sucre. Tres Días después y en forma por demás precaria, puso en funcionamiento un primer curso, en el aula cedida por el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, ubicada en el tercer piso del edificio de la Sociedad Filantrópica del Guayas. Los primeros profesores fueron la propia señorita Ortiz, el Licdo. Luis Aníbal Castillo Tapia y el Dr. Humberto Miranda Miranda, que la acompañarían todo el tiempo de su rectorado. 
En el Dolores Sucre inició el novedoso ensayo de la autodisciplina. En Noviembre el Ministro visitó el plantel y – recién entonces se obtuvo la primera partida presupuestaria de treintamilsucresparapagodellocal, compra de muebles, una pianola, etc. En Enero del 51 el colegio se trasladó al segundo piso del edificio de Muñoz Hermanos en 9 de Octubre entre Boyacá y García Avilés. Entre el 52 y el 54 pasó al local de la Sociedad Hijos del Trabajo en Boyacá entre 9 de Octubre y P. Icaza donde dispuso de un amplio patio compartido con los alumnos del Aguirre Abad. Después pasaría al edificio de Vistazo en Aguirre entre Boyacá y García Avilés y finalmentealaSociedaddeArtesanos Amantes del Progreso en 10 de Agosto y García Avilés. A principios de los 60 habíase adquirido una extensa loma en el kilómetro 4 de la vía a Daule, que como mirador, permitiera a las alumnas gozar de la fresca brisa de esas alturas.
El 51 el Alcalde encargado Carlos Ordeñana Cortés donó el pabellón del Colegio, que confeccionaron las marianitas y bendijo el Obispo José Félix Heredia. Sin embargo el progreso material no iba desligado a los logros del espíritu, que en un plantel son más importantes. La autodisciplina impuso un tipo de conducta muy especial. Cada alumna era responsable de sí y de sus compañeras y todas juntas formaban parte del cogobierno estudiantil. El uniforme blanco fue establecido como símbolo de salud y pureza y “las alas de ángel”, como poéticamente se bautizó a las arandelas que se alzaban sobre las mangas, las distinguían en la ciudad. Diversos clubes estudiantiles como el de Bellas Artes y el de Civismo, comenzaron a funcionar. Se hizo célebre el Coro dirigido por el Prof. Tadeo Jacuwovsky, quien compuso la música del Himno con letra del poeta Enrique Segovia.
El 30 de Diciembre del 53 obtuvo en donación una vasta zona en el Km. 11 de la carretera a la costa, desmembrada de la hacienda Cerro Azul de Pedro Maspons y Camarasa. Allí estableció una granja experimental que las alumnas llamaron “Granja Esperanza” en su honor. El Alcalde interino Gilberto Mosquera Ferrés hizo que la Municipalidad mandara a afirmar y nivelar el suelo y cuando el Club de Gidismo del plantel, fundado por las dirigentes scouts Caridad Puente y Lucrecia Cisneros, recibió en Guayaquil a Lady Badén Powell, lo hizo en perfecta formación y en dicha Granja. También funcionó el Club de la Cruz Roja y existían otras actividades extracurriculares como los equipos de Gimnasia, de Natación, el Comité de Padres de Familia, etc.
La rectora conseguía con su entusiasmo y nuevos métodos que todos se enamoraran de la educación y sentía una íntima satisfacción al descubrir valores, compartiendo con las alumnas, sus almas. Sus métodos eran sencillos: el optimismo, la sana alegría, algo de imaginación, mucha bondad y paciencia. Era la profesora ideal. Sus alumnas la querían y hasta se preocupaban de todo lo concerniente a ella y cuando viajaba cada dos años, estaban pendientes de su regreso, pues traía nuevos programas y era de ver con que impaciencia le preguntaban por otras novedades. ¿Qué planes tenía para ese año? ¿Qué innovaciones, esperaba conseguir? seguras de que todo lo que ella proponía se transformaría de fijo en una hermosa realidad, pues cuando quería algo nada ni nadie podía impedírselo, porque lo anunciado se cumplía siempre, así era de resuelta.
“Mi profesión de maestra es maravillosa, los padres me regalaban a sus hijas para que yo las formare y por eso pude ser una artista de la educación, lo que me trajo una felicidad enorme. La vida me ha enseñado que todo es fácil si tenemos voluntad de hacer. Yo tengo varios miles de hijas espirituales, discípulas mías, cuadros vivos que han crecido formando hogares y ahora son madres y hasta abuelas y tienen por común denominador que casi todas se han superado por el camino del intelecto y del trabajo honrado”.
El 59 fue declarada Pionera de la Alfabetización en Guayaquil por la Liga Alfabetizadora de la Enseñanza LAE, debido a su labor en el Normal Rita Lecumberry a principios de los 40. En Septiembre del 60 fue incorporada al Grupo Cultural Oasis, El 62 obtuvo un Decreto Ley de Emergencia del gobierno del Dr. Arosemena Monroy, para la creación del impuesto del 2 x 1.000 sobre las escrituras celebradas en el Guayas, para la construcción del edificio del Colegio Dolores Sucre.
El 64 obtuvo que el gobierno invitara a la Unesco, a través de su Centro Regional de Construcción para la América Latina CONESCAL, a la formulación de un proyecto para la construcción de un local adecuado a una escuela secundaria completa. El Proyecto fue declarado Piloto y su elaboración corrió a cargo del .Jefe del Departamento Arq. Oswaldo Muñoz Mariño. El 12 de Enero suscribió el contrato con el CONESCAL a nombre del gobierno y cuando todo iba muy adelantado, un grupo pequeño de alumnas se declaró en huelga y tuvo que renunciar en Julio del 66, para dejar paso a nuevas políticas educacionales. Entonces se acogió a los beneficios de la jubilación y dedicó por entero a cuidar a su anciana madre que falleció de ciento un años en 1981.
Durante esos años y aún después siguió trabajando como voluntaria en el “Frente de Protección Social” que mantiene el asilo Carlos Luis Plaza donde era miembro cultural. También asistía por las tardes a la escuela para adultos “La Rosa del Guayas” y vivía con sus hermanos en una villa ubicada en Carchi No. 508 y 9 de Octubre.
En 1977 el Ministerio de Educación denominó con su nombre a la Escuela Fiscal No. 183 de esta ciudad. Poseía la Medalla al Mérito Educacional de Primera Clase y la Tarjeta de Oro de profesores y alumnas del Dolores Sucre que la designaron Rectora Vitalicia de ese plantel, donde ciertamente dejó lo mejor de su vida pues habiéndolo fundado de la nada y como simple quimera, lo convirtió en el mas afamado colegio de su tiempo y en el plantel modelo de Guayaquil.
Su estatura mediana, tez canela, ojos y pelo café, ágil de movimientos, expresiva en sus ademanes, optimista siempre y con ideales superiores en todo. Carismática con la juventud, valiente porque magnificó y supo lo que quería de la vida y lo conseguía, fijándose nuevas metas como abanderada de un feminismo activo por los años 1950 al 70, que fueron sus años deoro.Susalumnaslarecordaban,la llamaban y visitaban y constituían el triunfo de su ideal porque como educadora fue rígida, digna, espiritual, inteligente, imaginativa y supo formar mujeres útiles, activas y superiores.
Falleciendo el 9 de agosto de 1991 en Guayaquil.
domingo, 5 de mayo de 2024
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